Mara Santibáñez

¿Y?



 

 

 

¿Y?


Consiste en una serie fotográfica que registra una sutil intervención a graffitis presentes en diversas ciudades, con la simple inclusión de la pregunta ¿Y? en plotter de corte de características museográficas.  El objetivo es dislocar el sentido de las frases que constantemente se ven en los muros de la ciudad, que por la reiteración van vaciando su sentido, y transformando el intento de expresión de una individualidad, en una frase vaciada de contenido.  Siendo la intervención tan poco violenta en términos materiales- no es más que un pegotin-  la pregunta ¿Y? se transforma en un gesto agresivo pues ella exige un sentido, esa brutalidad, potencia precisamente el aspecto gráfico en términos del dibujo de esas letras dibujadas a mano, y  el contenido discursivo queda relegado a su mera superficialidad.

 

Desde el cinismo
Diego Parra Donoso. Crítico y teórico del Arte.

 

¿Qué es el cinismo? Es la capacidad de ser absolutamente lúcido acerca de los procesos mediante los cuales somos determinados y sometidos, sólo que desde esa misma determinación y sometimiento. Es ser inteligente desde la idiotez, eliminar la distancia que establece el bienpensante entre la enajenación y la conciencia iluminada. Pero es también la única forma actual en la que efectivamente se puede ser consciente e ir a contrapelo, es la única forma de pensar políticamente desde la rebeldía.

 

El cínico acepta la realidad, pero eso no quiere decir que no sepa de su perversión, no es un integrado ni mucho menos un apocalíptico, es simplemente un sujeto tan consiente que traspasó los límites modernos que le fueron asignados a la inteligencia. Es de hecho un post sujeto, pues se dio cuenta que la razón no lo llevaría a liberación alguna y comprende asimismo que sólo en su mente puede haber independencia, pero no en la realidad. Es también un pesimista, o como dicen, un realista y lo es, pues su perspectiva le permite reconocer que las retóricas modernas de la liberación (e incluso su continuación a través de la biopolítica) han devenido simplemente imagen. Es quizá un esteticista recalcitrante, pues para él no hay lugar más que para una realidad cristalizada en el gesto o el símbolo, todo es pura apariencia.

 

Y en ese sentido, los llamados a sublevarse, a “despertar”, a “apagar la tele y encender la mente” o simplemente a “ponerse la capucha” no despiertan ni despertarán el interés del cínico, pues para él esto no trasciende a la propia enunciación, es decir, cuando los muros del bienpensamiento hablan y demandan al enajenado despertar, el cínico sólo ve palabras, sólo ve un ajuste sonoro o colorístico, pero nunca un potencial cambio. Frente a los muros, el cínico responde apáticamente: ¿y?